Amenazas a las hijas del vicepresidente de la USO Meta

{image}http://lh4.googleusercontent.com/-M-cYUBrHNvw/UjxdhLA7KrI/AAAAAAAADC0/e1pQJ8DBQYU/s720/dario_cardenas_amenazado_uso_meta.jpg{/image}Darío Cárdenas, vicepresidente de la USO Meta, denunció una cadena de amenazas en su contra por su ejercicio sindical.

Sin embargo, no lo afectan directamente sino a sus hijas,  que viven en Bogotá, enviándole mensajes a él.

La primera fue una llamada a la madre de ellas, donde le dicen que cuide a sus hijas “por la clase de papá que tiene, que está hablando %$#& en Acacías, Meta”. Aproximadamente 8 días después, cuando la hija mayor se dirigía a su trabajo, en la estación de Transmilenio Museo del Oro, dos sujetos la llamaron por su nombre y le mandaron un mensaje a su padre, “que deje de estarse metiendo donde se está metiendo”; le dicen que ya conocen dónde trabaja la mamá y dónde estudia la hermanita. También que ya no hay más amenazas.

El viernes pasado, a las 5:30 de la mañana, cuando la madre acompañaba a su hija mayor a tomar el bus para irse a laborar, encontraron una cinta púrpura de las que se ubican en las diligencias fúnebres.

Cárdenas nunca ha recibido amenazas directas contra él, por ello, sólo cuenta con un esquema de seguridad colectivo que cubre a toda la Directiva de la USO Meta. Lo más parecido a una intimidación le sucedió casi hace dos años. En un ejercicio que se hizo en el corregimiento Pompeya, Villavicencio, se denunció al Esmad con videos porque estaban golpeando a gente de común que no tenía nada que ver con el conflicto. A los 15 días, un hombre armado y dos mujeres  llegaron a buscarlo a su casa en Acacías, lo preguntaron y lo identificaron por una foto en la pared. Él no estaba. Aseguraron que iban de parte del dueño de la casa, pero el dirigente sindical confirmó que no era así. Entonces, tomó la decisión de mudarse del municipio.

Cárdenas hace un llamado a las autoridades porque “es mucha coincidencia que cuando hay una diligencia judicial, donde yo salgo librado. Allí, el Fiscal de Puerto Gaitán le exige al juez que me tienen que detener. Sin haber dictado un fallo, hay todo un programa montado por el mayor de la Policía de Puerto Gaitán, con diez agentes en la puerta y Sijín regada tres cuadras alrededor para detenerme. La situación de amenazas nunca se había presentado antes de esta diligencia.  Tenía mis hijas excluidas del trabajo sindical por evitar esta situación y en el momento en que las autoridades se enteran que tengo una familia y que mis hijas están en Bogotá solas, empiezan las amenazas indirectas”.