Ser petrolero, otra ilusión

{image}http://imagen.eldia.co/cache/logos/uso_595.jpg{/image}Las empresas petroleras están haciendo fiesta contratando técnicos y tecnólogos para que ejerzan funciones de ingenieros violando el artículo 9 de la ley 20 de 1984, u ocupan ingenieros, a través de contratistas, con salarios por debajo de los soñado.

Debido al auge que ha tenido en los últimos años la carrera de ingeniería de petróleos, es preocupante la situación de incertidumbre que se vive en los claustros universitarios que ofrecen esta carrera. Hay cerca de cuatro mil estudiantes en las cuatro escuelas o facultades de petróleos del país y en otras dos universidades la carrera está en etapa de aprobación, mientras que en Estados Unidos (con 300 millones de habitantes), únicamente existen tres universidades con este programa a nivel de pregrado. Solamente en la UIS hay matriculados más de 1.100 estudiantes, donde 300 se encuentran elaborando el trabajo de grado, los cuales serán profesionales dentro de los próximos 12 meses. A pesar del supuesto boom petrolero, el mercado laboral ya está saturado y, en los próximos años, de los cuatro mil que hoy estudian, al mercado laboral colombiano no ingresarán más de 500. O sea que se avecina un periodo de desempleo rampante, más agobiante que el vivido durante la década de los años noventa cuando la exploración petrolera en Colombia estuvo en el nivel más bajo. Este diagnóstico lo hizo desde hace 3 años el Consejo Profesional de Ingeniería de Petróleos (CPIP); sin embargo, parece que no ha tomado cartas en el asunto persuadiendo a las universidades para que se reduzca el número de admitidos, y/o al ministerio de educación para que no expida la licencia de apertura de este programa en otras universidades.

Tampoco ha impedido la entrada masiva de ingenieros, técnicos y tecnólogos venezolanos “nacionalizados”, con la supuesta violación flagrante del artículo 74 del código sustantivo del trabajo donde se exige contratar como mínimo el 80 por ciento del personal profesional y el 90 por ciento no profesional, de nacionalidad colombiana. Quienes finalmente van a pagar los “platos rotos” serán aquellas familias qué, ilusionadas, apoyaron a sus hijos en un proceso de formación donde supuestamente saldrían a ganar salarios millonarios que les “sacaría del barro”. Cosa muy diferente se vive hoy, pues debido a este desequilibrio entre la oferta y demanda, las empresas petroleras están haciendo fiesta contratando técnicos y tecnólogos para que ejerzan funciones de ingenieros violando el artículo 9 de la ley 20 de 1984, u ocupan ingenieros, a través de contratistas, con salarios muy por debajo de los soñados cuando se aventuraron a estudiar esta profesión. ¿Será que así como la industria petrolera emplea profesionales de todo tipo, incluso desempeñando actividades propias del ingeniero de petróleos, las otras industrias emplearán ingenieros petroleros? ¡Creo que no! Desde 1964 existe la Asociación Colombiana de Ingenieros de Petróleos (ACIPET), creada en Bucaramanga como una organización gremial de primer orden para propender por el buen desarrollo de la industria de los hidrocarburos en el país y velar por el bienestar y los intereses del ingeniero de petróleos; sin embargo, desde hace más de una década sus acciones se desdibujaron convirtiéndose en una agremiación de jubilados “mandaderos” de las empresas petroleras, con actividades propias de su edad. Da pena decirlo, pero en lugar ejercer como cuerpo técnico consultivo del gobierno nacional (facultada por la ley 20 de 1984), emitiendo conceptos correctivos a la equivocada política petrolera, o proponiendo mejoras en pro de la dignificación de la profesión, se han dedicado a mercadear pabellones para el congreso petrolero y torneos de golf para lobistas de la industria.

Por algo será que en la encuesta de satisfacción de su mismo portal, sus asociados están más insatisfechos que satisfechos con su accionar. Dios los guarde en su reino.

¿Bajar los salarios para salir de la crisis?

Un dogma que se ha extendido en los establecimientos financieros, económicos, mediáticos, académicos y políticos, es que para salir de la crisis hay que bajar los salarios. Tal creencia ha sido reforzada por el último informe sobre España del Banco Central Europeo dado a conocer el pasado jueves mes de Agosto, el cual subraya la necesidad de que se bajen los salarios y el salario mínimo (así como otras medidas encaminadas a debilitar al mundo del trabajo, como la descentralización y debilitamiento del proceso de negociación colectiva) a fin de aumentar la competitividad de la economía española y con ello facilitar la recuperación económica de España.

El argumento que se utiliza para justificar tales medidas es que, al no poder devaluar la moneda, a fin de abaratar los productos y hacer al país más competitivo, la única solución que les queda a tales países que están en recesión es abaratar los productos a base de disminuir los salarios.

De esta manera serán más y más competitivos y venderán más productos, exportando más y más, convirtiendo tales exportaciones en el motor de la economía, permitiendo así que salgan de la recesión. Este argumento ha pasado a ser parte de la teología de tales establecimientos y se reproduce constantemente en los equipos económicos de los partidos gobernantes, en los medios masivos de información y en las academias de economía y administración de empresas.

Los supuestos de tal dogma: Tal dogma, como todos los dogmas, se basa en fe en lugar de evidencia científica. En primer lugar, incluso si aceptáramos por un momento la necesidad de devaluación doméstica, tal bajada de los costes de producción puede hacerse a base de reducir los beneficios empresariales, en lugar de los salarios, posibilidad que casi nunca se menciona. Y cuando, raramente se hace, es para descartar tal posibilidad pues -según ellos- ello desincentivaría la inversión. Mírese como se mire, se propone cargar el peso de la recuperación económica en las espaldas de los trabajadores y no sobre las de los empresarios, a los cuales hay que darles todas las facilidades y estímulos para que exporten, pues ahí es donde radica toda nuestra salvación.

Pero los datos muestran el error de los supuestos sobre los que se basa tal dogma. Veámoslos.

El error de los supuestos que sustentan el dogma: Uno de los centros de investigación económica próximo al mundo empresarial de las grandes corporaciones estadounidenses (The Conference Board) acaba de publicar un detallado estudio de la evolución de los salarios en la Eurozona que muestra que éstos han descendido de una manera muy marcada en España, Irlanda, Grecia y Portugal. Como promedio los costes laborales han descendido un 15% desde 2009. Pero como bien señala el economista belga Ronald Janssen, este descenso de los salarios y aumento de los beneficios no ha ido, por lo general, acompañado de un aumento ni de las inversiones ni de las exportaciones.

Janssen muestra gráfica y convincentemente en su artículo que en Grecia, por ejemplo, el muy marcado descenso de los salarios, incluidos en la manufactura, no ha ido acompañado de un aumento de las exportaciones. Antes al contrario, éstas han descendido también muy marcadamente. Grecia, por cierto, tenía un fuerte sector exportador antes de que se iniciara la crisis en el 2008. Los salarios pues han bajado (caído en picada) en Grecia pero ello no ha supuesto ni un crecimiento de las exportaciones ni de las inversiones. Lo único que ha subido han sido los beneficios empresariales que se han disparado alcanzando una cifra equivalente a un 12% del PIB griego. Mientras, la economía griega está yendo de mal a peor.

En España y en Portugal, sin embargo, las exportaciones sí que han crecido sobre todo a partir del 2009. Tal crecimiento sin embargo no ha sido suficiente para reavivar la economía de tales países. En ambos países, la gran destrucción de empleo (en parte responsable del aumento de la productividad), consecuencia de las políticas capitalistas de austeridad y de la gran bajada de salarios, ha creado una recesión tal que el aumento de las exportaciones no ha sido suficiente para estimular de nuevo la economía. La bajada de salarios que en teoría está aumentando las exportaciones está a la vez deprimiendo la economía doméstica, venciendo esta última a la primera.

A donde está llevando este dogma? Todo este proceso era predecible. Es fácil de ver que tales políticas son erróneas. Solo se necesita mirar los datos y olvidarse de la teología neoliberal (presentada como conocimiento económico). Cuando tantos trabajadores están sin trabajo y cuando la mayoría de jóvenes están sin trabajo durante muchos años, significan una pérdida, muchas veces irreversible, de recursos productivos. Y esto es lo que está ocurriendo en España. Frente a un sector exportador vivo, existe una economía doméstica paralizada por una enorme falta de demanda, creada por la confluencia de bajada de salarios, destrucción de empleo, y reducción de gasto público. Lo cual redujo dramáticamente el consumo doméstico y la satisfacción de necesidades básicas.

Pero como bien ha dicho la Organización Internacional del Trabajo, en su respuesta al informe del Banco Central Europeo – BCE, tal estrategia llevará a una depresión no solo europea sino mundial. Lo que está ocurriendo en la Eurozona es un ejemplo de las consecuencias de tales políticas. Su venidera recesión puede llevar a una gran depresión.

La enorme pasividad de las personas de la sociedad y en especial de la clase trabajadora debería sustituirse por una agitación social e intelectual que mostrara las enormes falsedades de la sabiduría convencional que se reproduce a través de los medios de información de mayor difusión. Una de las grandes insuficiencias de la democracia es precisamente la falta de diversidad de los medios masivos de información y de espacios para las voces de oposición al establecimiento. Esas razones son suficientes para que la ciudadanía deba unirse, organizarse y movilizarse para protestar y denunciar tal situación, en defensa de sus derechos.

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