Un panegírico para evitar que la laguna de Fúquene desaparezca

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La laguna de Fúquene está desapareciendo, producto de la depredación de sus territorios, de la sedimentación, la sequía y la invasión de plantas acuáticas. Las familias humildes que viven de lo que produce están amenazadas.

La laguna está situada a unos 80 kilómetros de Bogotá, surte al municipio de Ubaté y contaba con una biodiversidad amplia. Hoy, ha perdido la mayoría de sus tierras, ahora dedicadas a cultivos y producción de leche. Lo que queda de su agua, se extrae en parte para los sembradíos anteriores y, la otra parte, está asfixiada por la presencia de buchón o elodeas; plantas acuáticas que cubren el agua en la superficie y el interior, de tal manera que imposibilitan la navegación, por ende, la pesca.

Don Luis, un campesino que lleva 68 años viviendo en la vereda El Roble-Tarabita, nacido y criado frente a la laguna, contaba en un medio de comunicación que vivió toda su vida al borde de la laguna. De allí obtiene su salario y el sustento para su familia.

En la laguna crece un junco que utilizan para la construcción de artesanías, esterillas, cuadros, carrieles, canastos. Una materia prima de la que viven muchas familias y que está siendo reemplazada por maleza. Además, la sequía bajó el nivel de las aguas y las tierras son ocupadas por personal foráneo.

Hasta hace poco enviaron una maquinaria, responsabilidad de la CAR y del municipio.  Sin embargo, para los pobladores, llega tarde y no hará las obras que se necesitan, pues está limpiando solo alrededor y mucho después de la ocupación ilegal.

Don Luis también comentó que la profundidad del agua ha disminuido. En 1970 no alcanzaba una vara de cinco metros y ahora tiene menos de cincuenta centímetros. “Desde que no le pongan atención esto va a quedar es un plato, sin una gota de agua”, comentó.

Del gran espejo de agua queda poco. Los habitantes relatan que llegaba más allá del casco urbano de Ubaté, unos 50 kilómetros, hoy apenas si sobrepasa lo que era su propio centro.