“Vivir la navidad, es compartir en familia y valorar su existencia” Día Segundo

{image}http://www.eldia.co/images/stories/logos/uso.jpg{/image}La familia es una forma de organización social, la más básica y antigua, que ha ido evolucionando y que no parece estar próxima a desaparecer. Por ello lo que tenemos que hacer para que la familia se restituya como organización social básica es fortalecerla en valores, en principios como la solidaridad, el bien común y la apuesta por un proyecto colectivo; a demás de no mirar con malos ojos a la persona que abandona su puesto de trabajo unas horas para llevar a su hijo al médico, a un evento cultural o deportivo, o se ausenta de la producción para  atender una necesidad de su padre, su madre o su pareja, sin importar el sexo, la religión o condición social de esa pareja.

Sin embargo hablar de fortalecer la familia a veces resulta una actitud bastante hipócrita cuando vivimos en una sociedad que se preocupa por fomentar y aumentar el consumo, cuyo interés principal no es la familia y la vida personal sino que el dinero se mueva, se maximice la ganancia y que, incluso en época de crisis económica se nos insta a gastar más de lo que podemos, induciéndonos al endeudamiento desmesurado con bancos y cooperativas. En una sociedad muchas veces machista que trató de alienar a la mujer atándola a las tareas domésticas y al televisor porque resultaba ventajoso al modelo de dominación.

Provenimos de un régimen que fomentó exageradamente y de un modo casi coercitivo la natalidad, hubo un tiempo, y aún está en la mente de muchas mujeres, en que se pensaba que una mujer sin hijos y un marido era una fracasada social.

De la familia junta a la familia unida

Podemos  decir  por otra parte que la crisis de la familia es, sobre todo, una crisis de las funciones de la familia.  La sociología tradicional distingue dos tipos de funciones de la familia. Por una parte, sus funciones institucionales: la función biológica (transmitir y acoger la vida humana), la económica (proveer los bienes materiales necesarios para la subsistencia), la protectora (ofrecer seguridad contra los riesgos de la existencia), la cultural (transmitir los valores y tradiciones ético-sociales), y la función de integración (introducir al individuo en la sociedad y ejercer un control sobre él).

Están también  las funciones personales de la familia, que consisten en dotar de afectividad e integración a la relación entre marido y mujer (función conyugal), entre padres e hijos (función parental), y entre los hermanos (función fraternal). El buen cumplimiento de estas funciones personales estaría detrás de lo que varios estudios llaman una familia unida, y todos ven en ella el mayor ideal de felicidad que se puede tener en esta vida.

La familia hoy se ve seriamente amenazada; porque en primer lugar el modelo de desarrollo y la sociedad de consumo; han mercantilizado casi todo, incluido el afecto y el amor. Por ello es más fácil enviar un e-mail que ir a recogerle en la puerta de la fabrica; o se considera más light  ir a cenar a un restaurant que preparar una cena juntos.

Por las extenuantes jornadas laborales que cada vez le sustraen más tiempo a la vida familiar y al compartir espacios y momentos juntos en familia.
A las desenfrenadas carreras de competencias e individualismo que conducen a la búsqueda de ascensos y responsabilidades que comprometen la mayor parte de la existencia humana para estar al servicio de las maquinas y no como debería ser las maquinas al servicio de los hombres y mujeres.
A la precarización del salario que obliga a la esposa o compañera a salir a los mercados laborales a buscar ingresos para ayudar con las responsabilidades del hogar, sin que muchas veces sea su opción preferencial o la más dignificante.

Y ni que decir del impacto en la familia cuando un trabajador se accidenta en su trabajo y peor aún cuando muere, producto de ese evento; las consecuencias son dramáticas y los pilares sobre las que se erige tienden a colapsar; muchas veces al accidentarnos no quedan siquiera los amigos; pero la familia siempre está ahí.

Por ello en el edificio, la casa o la choza en la que vivamos, disfrutemos a plenitud esta NAVIDAD 2010 y compartámosla, vivámosla, gocémonosla con nuestra familia y hagamos de nuestros sitios de trabajo, el lugar del sagrado encuentro con nuestra segunda familia; con la cual compartimos el 33,33% de nuestra existencia. Que el Dios de la vida nos ilumine el camino y nos bendiga a todos. 

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